Reseña Bajo el suelo de París


WRITTEN BY Juan Mario Giraldo

Si se juzga el libro por la impresión inicial que nos da su portada, podemos creer que se trata de una historia de amor. O al menos de la historia de dos personas que buscan encontrarse. Más adelante, al iniciar la lectura, la sensación cambia y se acerca a la sospecha de que es una novela de ciudades y mujeres.

En ella, se repiten con tono de Cortázar, lugares emblemáticos de París y se hace referencia a una dirección exacta: 13 Rue de Lille, la casa del protagonista. La mención de una calle cualquiera entre tantos sitios conocidos, me despertó una sospecha. Entré a verificar en Google Maps que allí no quedara un burdel y suspiré aliviado al ver que había un almacén de muebles.

Como cualquier buena novela, es ante todo un ejercicio de desciframiento de personajes: en el mundo construido por Obando se paga en francos, se fuma por las calles y se recuerda un matrimonio sobre la muralla de Cartagena. También hay un griego que vende crepes, una mujer con flequillo que pierde una Matrioshka y ante todo un escritor tímido que fuma y come chicles de nicotina.

La novela rescata constantemente el encanto de la ciudad luz y nos muestra que incluso quienes viven desde hace mucho tiempo en ella, se sienten entre sus calles como turistas: “Me gusta estar en ese limbo, ser local y turista al mismo tiempo: local que se ha acostumbrado a los pormenores de esta ciudad; turista que parece atontado con su belleza”. Paris tiene su encanto, tal vez por eso es que la idealizamos hasta el punto que afecta nuestros deseos sobre qué vida queremos vivir y con quién queremos compartirla.

Pero el efecto romántico, las referencias grandilocuentes de tiempo y lugar, son solo una apariencia. Tampoco es una novela sobre mujeres y ciudades. La esencia de la obra tiene mucho más que ver con nuestros conflictos internos, con las dificultades de la vida en pareja y con la convivencia con nosotros mismos.

Leer a Obando hace pensar en los inevitables problemas de pareja que surgen entre los colombianos casados con extranjeros. Tarde o temprano, la añoranza por la tierra querida supera la comodidad de vivir en un mundo limpio y pulido. El deseo de contacto con lo autóctono y las ganas de sentirse en casa, superan en algún punto las aspiraciones de los cuentos de hadas en los que el amor se define como un nórdico príncipe azul.

En el mundo moderno, este proceso de desencanto amoroso se cataliza, se hace más rápido, pues la nostalgia puede sintonizarse en cualquier momento. Basta con entrar a internet o abrir Spotify para recordar que no estamos realmente donde queremos estar. Una arhuaca casada con un danés, nunca podrá consolarse con el recuerdo de la Sierra que le producen las blancas nieves escandinavas.

Bajo el suelo de París es ante todo una historia de escape, la historia de un hombre que intenta huir de sí mismo porque no soporta su mundo interior. Para hacerlo, utiliza inicialmente la escritura y los cafés parisinos, pero llega un momento en el que estos artilugios no son suficientes y debe inventar nuevas cosas. Se deja entonces seducir por una mujer de flequillo y empieza a perseguirla por Paris.

El proceso de persecución, si así puede llamársele, revela poco a poco la identidad fantasiosa del personaje, un personaje que todos hemos sido alguna vez al inventar paraísos, cuentos de hadas y príncipes azules. ¿Quién persigue? Un colombiano. ¿A quién persigue? A una europea a quien idealiza como rusa, porque nunca se sabe su verdadero origen.

Obando tiene madera para las ocurrencias: “Cuando se sigue a alguien por una ciudad se le puede observar todo menos los ojos”, nos dice el protagonista en un punto de la persecución. El hombre que persigue somos todos y la perseguida no es nadie, tan solo nuestros deseos. ¿Para qué verle los ojos a nuestros deseos si libremente podemos imaginarlos? Verle los ojos sería el equivalente a terminar el encanto, a conocer la verdad. El hombre detrás de la supuesta rusa busca salir de sí mismo persiguiendo sus deseos y por eso no lo logra. Está atrapado, atrapado en sí mismo como estamos todos.


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